
Óscar de Marcos, rodeado de su familia, en su acto de despedida del Athletic en Lezama. / Miguel Toña / EFE
Yo entonces, 2011, era un becario. Él, al fin y al cabo, ni dos meses mayor que yo, también lo era. Me habían concedido una entrevista con él, con Óscar de Marcos, y a Mitxi, el editor gráfico de El Mundo en Bilbao, se le ocurrió la idea de superponer varios ‘De Marcos’ en una misma fotografía para representar su asombrosa polivalencia sobre el césped. Que saliera muchas veces.
Yo, que no le conocía de nada, tenía mis reparos porque iba a ser una producción larga, muchos minutos posando, y tenía alguna experiencia ya de deportistas que pegaban algún bufido cuando el fotógrafo les tenía muchos minutos sonriendo a la cámara. Lo que me llegaba de él, de su carácter, rebajó mis miedos. Se lo comentamos: “¡Hostia! ¡Qué chulo! ¡Lo que haga falta!”.

De Marcos ganó la Copa del Rey de 2024 con el Athletic. / ATHLETIC CLUB
“¿Vas a Bilbao? ¿Te llevo?”
Así fue. Terminó la entrevista y yo me fui hacia la estación de tren de Lezama para regresar a Bilbao. Mientras caminaba, Óscar salió con su todoterreno, me vio y me saludó. Unos metros más adelante, decidió dar la vuelta a la rotonda. Hizo un giro después de 180 grados, de esos que no gustan en la DGT, y me dijo: “¿Vas a Bilbao? ¿Te llevo?”.
Me subí a su coche y me preguntó dónde quería que me dejara. “En cualquier parada de metro, no te preocupes”. No hubo manera de convencerle. Le dije dónde vivía, me dio su número de teléfono durante el camino y me dejó en la puerta de mi casa.
Él, supongo, se iba a la suya. Yo entonces no lo sabía, pero no le pillaba a mano. Para quien conozca Bilbao, yo vivía en La Casilla y él en Uribarri. No excesivamente lejos, pero a desmano. Era entonces un meritorio en crecimiento en el Athletic, pero ya cobraría del orden de 200.000 euros anuales. Podía vivir donde quisiese, pero él le gustaba su modesto piso en un barrio obrero, en el que la ventana de su habitación daba a un pequeño patio interior.
Podía vivir donde quisiese, pero él le gustaba su modesto piso en un barrio obrero, en el que la ventana de su habitación daba a un pequeño patio interior
Cuando estaba perezoso y no quería hacerse de comer, bajaba al bar que tenía en su calle a comer un menú del día. Dicen, nunca lo comprobé, que compartía mesa con los ‘curritos’ que por ahí se encontraba. Solo abandonó el barrio cuando su amigo Ander Herrera se marchó al Manchester United y le insistió para que fuera el inquilino de su piso.

Óscar de Marcos, en una previa de Europa League contra el Tromso, uno de sus primeros partidos en el Athletic. / Miguel Toña / EFE
Solidaridad anónima
De Marcos vivía como jugaba, sin creerse más que nadie, apreciando y reconociendo el esfuerzo de quienes le rodeaban, siendo solidario con quien lo necesitaba. El verano antes de aquella entrevista, el primero tras fichar por el Athletic procedente del Alavés, Óscar decidió invertir parte de su descanso en viajar a Togo a realizar labor humanitaria. Casi nadie lo sabía. Solo se supo cuando, nueve años, después la Fundación Athletic le invitó (le insistió hasta la saciedad, de hecho) para que contara aquella experiencia en un pequeño libro biográfico.
De Marcos vivía como jugaba, sin creerse más que nadie, apreciando y reconociendo el esfuerzo de quienes le rodeaban, siendo solidario con quien lo necesitaba
Como tampoco nadie supo, durante mucho tiempo, que Óscar dedicaba las tardes de sus viernes libres a acudir a la planta de Oncología Infantil a acompañar a niños con cáncer. Yo me enteré un día de casualidad, alguien que conocía a alguien que tenía un familiar allí me lo contó. Se lo hice saber. Me pidió que no lo publicara, que era algo que hacía porque quería, pero que no quería que se supiera.
Con el tiempo, alguien lo publicó en redes sociales, seguramente con la mejor intención del mundo, y de ahí saltó a los medios. De Marcos se disgustó profundamente. “Si sale en los medios, pierde valor. Porque puede parecer que lo hago para que me lo reconozcan”, reflexionaba. Cualquier otro hubiese matado por hacerse una foto y abrir telediarios y periódicos con esa acción solidaria y generosa, impropia (por desgracia) de un futbolista profesional.
“Si sale en los medios, pierde valor. Porque puede parecer que lo hago para que me lo reconozcan”, dijo cuando se conoció que hacía compañía a niños con cáncer en su tiempo libre
Uno entre un millón
Pero llegados a este punto ya es obvio que De Marcos ha sido uno entre un millón. Contribuyó a ello, de manera decisiva, la educación que recibió en casa y, siempre he tenido la certeza, proceder de una familia acomodada. Quiero decir que ganar de repente muchísimo dinero con 20 años no le cambió la vida y le hizo perder un poco la cabeza, que es lo que les pasa a muchos futbolistas jóvenes. Cómo culparles, en realidad. Siempre he pensado que es casi imposible que la mezcla de adolescencia y una cuenta corriente de seis ceros no te convierta durante un tiempo en un gilipollas.
Óscar no lo era, no lo es. No lo será. Ahora que el fútbol se le acaba, porque él quiere, con 36 años, 16 de ellos en la primera plantilla del Athletic, recuerdo algunos pasajes de sus inicios, cuando llevaba el cartel de cedido pegado en la frente.

Óscar de Marcos, junto a Muniain y Balenziaga, con la Supercopa de España de 2021. / Pablo García / EFE
Recuerdo un amistoso contra el Amorebieta de esos que al futbolista, en plena canícula, le estorban mucho más de lo que le apetecen. Saborit, entonces una joven promesa, fue anunciado como el lateral izquierdo. Pero algo sucedió, no recuerdo el qué, si es que lo llegué a saber, y apareció De Marcos, un tipo que jamás había jugado en esa demarcación.
25 puntos de sutura… en el escroto
Se comió la hierba. Todos estaban jugando un amistoso menos él, que vivía cada oportunidad de jugar con la camiseta del Athletic como si fuera a ser la última. Y Marcelo Bielsa, que le consideraba un futbolista descartable, se dio cuenta de que, al contrario, ese chico tenía que ser imprescindible. Unos meses después, ya mediapunta titular, jugó un partido contra el Zaragoza en el que sufrió una dura entrada en sus partes nobles. En el descanso, estaba blanco. Los doctores miraron allí abajo y se espantaron. Dio la asistencia del gol de la victoria, acabó el partido con el escroto desgarrado y de San Mamés se marchó al hospital a recibir 25 puntos de sutura.
De Marcos vivía cada oportunidad de jugar con la camiseta del Athletic como si fuera a ser la última
Fue siempre, por encima de todas las cosas, un jugador de equipo. Cuando su amigo y mentor Carlos Gurpegui decidió retirarse, en 2016, renunció al dorsal ‘10’ con el que había jugado desde su debut, para heredar el suyo. Para cualquier futbolista, llevar el ‘10’ es lo máximo. Él daba mucho más valor a llevar el ‘18’ de Gurpegui y heredar con él los valores y la jerarquía del navarro, que tanto (conocido y no) hizo por el Athletic.

Óscar De Marcos, Carlos Gurpegui y Mikel Rico, en un entrenamiento en Lezama en 2015. / Alfredo Aldai / EFE
Diría que la última vez que hablé un rato largo con él fue durante la pandemia. El confinamiento le sobrevino a punto de tener su primer hijo. Le propuse, a través del club, contar su experiencia de haber sido padre en unas circunstancias tan complicadas. Y la de su mujer, médico en ejercicio. Aceptó de mil amores.
Con Óscar podías hablar con naturalidad, como con cualquier conocido. Ahora bien, no fueras a esperar que te contara alguna intimidad del vestuario, que te rajara de alguien o que te contara algo del club que no se supiera. Si lo intentabas (había que hacerlo), no había ni respuesta.
No fueras a esperar que te contara alguna intimidad del vestuario, que te rajara de alguien o que te contara algo del club que no se supiera. Si lo intentabas, no había ni respuesta.
“¿Qué es el Athletic para mí?”
Porque para De Marcos la prioridad absoluta siempre fue buscar el bien para su club. Él siempre dijo, y era así, que si llegaba el día en que el Athletic no le quisiera renovar, él se retiraría del fútbol. Que era jugar en el Athletic o no jugar. Un mantra que tuvo claro y cumplió durante toda su carrera.
“¿Qué es el Athletic para mí? No es solo un nombre, un club, es la punta de un iceberg enorme en el que lo más importante es lo que no se ve. Es la lealtad de un pueblo que va contigo, la fidelidad que no se negocia”, dijo el jueves, el día en que recibió su merecido homenaje en Lezama.
Este domingo en San Mamés, frente al Barça al que ganó dos Supercopas y ante el que perdió tres finales de Copa, Óscar de Marcos se retirará del fútbol como el segundo jugador con más partidos en la historia del Athletic, solo por detrás del inalcanzable José Ángel Iribar. Una leyenda en un club que las abraza como pocos. Se lleva ese orgullo. Y, sobre todo, el de haber sido un tipo excepcional siendo, sencillamente, tal y como era. Te echaremos de menos, Óscar.



